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Jueves , 08 de Marzo

Bordelicado episodio 3

Qué tal ha ido el fin de semana, bonic@s? Os diría que el mío fue magnífico, pero francamente, no recuerdo mucho. Señal de que en Oak Barcelona nos trataron bien, ¿no? 


Hoy, tal y como os dije, os voy a hablar de alguna anécdota graciosa (graciosa ahora, claro) con algún portero de discoteca. Sí, hablo de esos personajes tan poco simpáticos cuando no os dejan entrar en una discoteca cuando vais pedísimo (y lo negáis), y tan necesarios cuando se arma una batalla campal y no queréis acabar perdidos de cubata de a saber quién ni con un cristal de vaso clavado en la nuca. Y sí, a veces exagero. Pero creedme que ya me las he visto de todos los colores…


La que os pienso contar hoy es una anécdota muy poco inocente que nos lleva años atrás, en que un muy buen amigo mío (llámale J, que se nos ofende) y yo salíamos por el malogrado Tunnel Casanovas, sala de la que éramos clientes habituales en noches de llenazo como en noches en que fuéramos cuatro gatos. A nuestro favor debo decir que siempre acabamos pagando botella en el privado. 


Intuyo que estábamos a finales de junio, cerrando temporada, cuando J y yo nos fuimos al baño a eso de las 5.30. Recuerdo que yo iba bastante sereno y le decía que esperara a que cerraran para irnos de la pista. Pero que no, que ni por esas. Nos vamos camino al baño, y doblando la primera esquina, veo que mi colega empieza a mear. A oscuras. Yo empiezo a buscar el baño y… Efectivamente, bonic@s. NO HAY BAÑO. El colega dejó el suelo como una piscina olímpica. Y claro, con el puntito yo pude reírme, él ir de machote (qué jóvenes e idiotas éramos), per apareció un seguridad.


 



  • Oye, ¿qué estás haciendo?

  • ¡Pues mear! (Comentario obvio, pero poco inteligente)

  • ¿Pero tú haces esto en tu casa?

  • ¡Yo en mi casa meo donde quiero! (Comentario atrevido, pero menos inteligente)


 


Acto seguido esperó a que J se subiera la cremallera y nos cogió por la espalda para sacarnos como si se fuera a acabar el mundo. Nos sacaron del que otrora fuera nuestro hogar y por detrás nuestro oíamos unas veces que decían algo como que no nos dejarían volver a entrar nunca más. Mi colega, al muy desgraciado se le ocurrió decir “no pensamos volver nunca más, ¡y cerraréis!”. Y no me preguntéis qué pasó, pero en septiembre la sala la habían traspasado. 


La moraleja es sencilla. El alcohol es malo, pero a veces nosotros, somos peores (y los tíos, unos guarros). Nos llevamos unas risas, una prohibición de entrada, y un poco más y nos llevamos dos hostias “bien dás”. Evitad replicar esto en vuestras noches. A no ser que celebréis un paso de ecuador con nosotros... Ahí vosotros mismos!


Para la semana que viene, siguiendo el tema de los porteros, venimos con un artículo que va a dar que hablar especialmente en Barcelona. Aunque no seáis de aquí, podréis leer la maravillosa historia y leyenda de “el calvo de Nick Havanna”. El portero que más se ha hecho respetar jamás en ninguna discoteca del mundo. 


 


¡Hasta entonces… sed buenos y NO LA LIÉIS!

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